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Suplicas a un espíritu o a las energías espirituales de tu ubicación que rodeen y protejan a un aliado de un enemigo determinado. Cada vez que el enemigo ataque y dañe al aliado, el enemigo sufre 1d6 de daño de espíritu. El enemigo es consciente de estos espíritus y tiene una noción general de que atacar al aliado provocará la ira de los espíritus. Intensificado (+2) El daño aumenta en 1d6.
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