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Las deidades obran su voluntad sobre el mundo de infinitas maneras, y tú eres uno de sus sirvientes mortales más firmes. Bendecido con magia divina, vives los ideales de tu fe, te adornas con los símbolos de tu iglesia y entrenas diligentemente para empuñar el arma predilecta de tu deidad. Tus conjuros pueden proteger y sanar a tus aliados, o castigar a los adversarios y enemigos de tu fe, según la voluntad de tu deidad. La tuya es una vida de devoción, difundiendo las enseñanzas de tu fe tanto de palabra como de obra.
Clérigo
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