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Con este conjuro nacido del sádico amor por la tortura de Kemnebi, golpeas los órganos internos de una criatura, sin dejar señales externas del inmenso dolor que infligiste. El objetivo recibe daño contundente igual a 1d4 + tu modificador de lanzamiento de conjuros con una tirada básica de Fortaleza. Si falla críticamente, el objetivo también queda hasta el inicio de tu siguiente turno. Las criaturas que carecen de órganos internos no se ven afectadas por este conjuro.
Elevado (+1) El daño contundente aumenta en 1d4.
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